El liderazgo ético, un reto empresarial Carlos M. Moreno Pérez 1. ¿Líderes? Personas normales Si revisamos el concepto de liderazgo en los últimos años, pronto nos daremos cuenta de su amplísima bibliografía. Es cierto: es mucho lo que se ha escrito sobre liderazgo. Pero si al concepto “liderazgo” le añadimos “ético” o, si se prefiere, la ética como fundamento y trasfondo, la literatura sobre el tema es mucho menos abundante. Pero si aún vamos “más allá” e intentamos situarla en la perspectiva del s. XXI es, todavía, menor. Vaya de antemano, mi deuda y gratitud con dos textos que, a mi entender, me parecen excepcionales, tanto por la forma como por el fondo de los mismos. Y no son éstas cuestiones banales ya que la ética tiene que ver con la manera de hacer, de presentar nuestro trabajo diario y con el fondo, con lo “hondo” de nuestras acciones: aquello que fundamenta (y ahonda) nuestra actuación. El primero, es el libro póstumo de Juan Antonio Pérez López1, Liderazgo y ética en la dirección de empresas. La nueva empresa del siglo XXI, compilación y ordenación, por parte de sus más inmediatos colaboradores, de algunos textos de J. A. Pérez López. El segundo, es un artículo del profesor Santiago Álvarez del Mon2, “Liderazgo transformador”, publicado en Harvard DEUSTO Business Review. No sería justo, ni por tanto ético por mi parte, si no reconociera mi deuda con ambos autores. Sus escritos han sido referencia constante de las siguientes páginas. Sirva como punto de partida cualquier deporte de equipo: baloncesto, balonmano, fútbol… Es importante resaltar “equipo”. Un grupo de individuos inmersos en una competición. Cada uno aportando, al menos teóricamente, sus características individuales al juego colectivo. Si nos preguntamos quién es el líder de esa competición pondremos encima de la mesa el nombre de un determinado equipo vinculado a un “club”. “El líder es…”. Y decimos que es el líder porque ocupa el primer lugar en una clasificación, dentro de una competición. El líder es el primero. A veces, olvidamos que ser líder significa, también, ser el primero: “el primero al frente de…”; “el primero en…¿responder/responsabilidad?; “el primero en… ¿prever?, ¿planificar?…”. Sí, líder es el primero en… ¿humildad? ¿Es importante ser líder al inicio de la competición? Bueno, es casi anecdótico, ¿no? Pero, tendremos que ver para quién, ¿no es cierto? Para los equipos grandes, seguramente, sí. Para los modestos, candidatos “a priori” al descenso, mantenerse un par de jornadas como líderes… ¡menuda publicidad!, ¿no? ¡Qué expectación! Y, si es capaz de mantenerse al frente durante unas cuantas jornadas más, estamos ante el equipo “sorpresa” o “ revelación”. Claro, que todo ello tendrá que ver con los objetivos marcados y los, realmente, alcanzados. Para un grande, ser segundo puede ser fracaso; para un modesto, un éxito. No es lo mismo luchar por el campeonato que luchar por eludir el descenso, pero puede ser igualmente exitoso ser campeón como eludir el descenso (Las celebraciones, también, van a la par). ¿Cuál era el objetivo al arrancar la competición?3 ¿Cómo nos queríamos situar? ¿Por qué puesto luchábamos? ¿Es importante ser líder en Navidad y proclamarse campeón de invierno? Seguro que no es ya tan anecdótico, ¿verdad? Es ya una tendencia… ¿definitiva? No, ya lo sabemos. Lo, realmente definitivo, es ser líder la última jornada del campeonato. ¿Es suficiente? Sí y no. Me explico. Es suficiente para ese año pero, ¿y el próximo? Claro que, si en cinco años se ganan cuatro campeonatos… estamos rozando la excelencia, ¿no? Es cierto que hay líderes que son “flor de un día” (¿Son líderes?). Hay quienes mantienen el tipo durante un tiempo… Han dado la “sorpresa”. Después, están los líderes que son el resultado de una trayectoria, de un esfuerzo milimetrado, día a día, mes a mes, años tras año. El líder se hace, no nace. ¿Se puede tener alguna cualidad “innata” para el liderazgo? Pienso que no4. Sí podemos hablar, en cambio, de predisposición al liderazgo, de ambición de ser líder. El líder se hace día a día: es fruto de un trabajo continuado. Quizás, lo más apropiado sea afirmar que el líder se “moldea”, se va haciendo en el día a día. Una aclaración: cuando hablamos de líderes, hablamos también, de personas de “carne y hueso”, con sus defectos y virtudes. El líder ocupa un lugar “especial” porque se lo ha trabajado, pero no es un ser “especial”. Es una mujer, un hombre como usted, como yo. Personas, absolutamente, normales. Carlos M. Moreno Pérez
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