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El liderazgo ético, un reto empresarial

Carlos M. Moreno Pérez

2. ¿En qué consiste ser líder?

Líder es el primero. Es el que en-cabeza una empresa, una organización. La auténtica “cabeza” de la organización, el que está en frente y al frente de ella. Guía, “conduce” una empresa. Álvarez de Mon5 siguiendo a Burns define el liderazgo “como el proceso por medio del cual los líderes inducen a los seguidores a actuar en búsqueda de unos objetivos que representen los valores, motivaciones, deseos, necesidades, aspiraciones de unos y otros, líderes y seguidores”. Para ello, señala como “característica común a todos los líderes es su capacidad excepcional para enseñar …y para aprender”6. Y apunta el término educere -educar- como la capacidad que tiene el líder para “hacer salir”, destapar “el tapón de tantas potencias encerradas”. Pero, en ocasiones, todos lo sabemos se está a la cabeza de una organización, de una empresa y no se es líder. Como, también, conocemos líderes que están en los distintos niveles de la organización. ¿En qué consiste ser líder? Líder al frente de una organización consiste, esencialmente, en “ser persona” y en “ser dirigente”. Esta distinción entre “ser persona” y “ser dirigente” nos ha de permitir concretar el significado de cada una de ellas, pero no olvidemos que estamos hablando de lo mismo: desarrollar virtudes de la persona que es dirigente (Vayamos, pues, por partes).

 

    2.1. ¿En qué consiste “ser persona”?

    La cuestión es ardua. Tendríamos que recurrir, con toda seguridad, a (la historia de) la filosofía y de la psicología para ajustarnos a la verdadera significación de “ser persona. Y la respuesta tendrá que ver, sin duda, con nuestros principios morales, con nuestra manera de “posicionarnos” en la vida y -¡cómo no!- nuestra concepción de empresa. En el punto de partida, encontramos un interrogante acuciante cuya respuesta (en la práctica, por supuesto) condicionará nuestra realidad empresarial. ¿Estamos realmente -prácticamente- convencidos que la empresa es, también, una sociedad de personas? Pocos cuestionarían, probablemente, la importancia de las personas, al menos teóricamente, en la empresa. La práctica -ya sabemos- cuesta “algo” más. Si la respuesta a la cuestión es afirmativa, hemos de reconocer, de entrada, que nuestra visión empresarial, de fondo, ha de basarse en las personas. Y en cuanto tal personas, iguales en dignidad. No hay distinción posible entre unos y otros. Todos somos igualmente dignos.

    El líder, también, es persona como cualquier otro en la organización. Lo que distingue a un líder de cualquier otro en la empresa es su empeño por poner en marcha, en su trabajo diario, una serie de cualidades inherentes al ser humano. Con otras palabras, hacer de lo normal -lo común a todos- algo extraordinario. Las cualidades que, a continuación expondré, insisto en tanto que específicas del “ser persona” son susceptibles, potencialmente, a cualquiera de nosotros. Aristotélicamente hablando, diríamos que, para su movimiento -consecución- estas cualidades deberían convertirse en acto, en acciones. El paso de la potencialidad al acto es lo que distingue al líder.

 

    2.2. Siete cualidades del “ser persona”; siete cualidades de un líder.

    La empresa, al ser una organización de personas, debe estar fundamentada en el respeto. El respeto es una de las reglas primordiales de “juego” en las relaciones entre las personas. El respeto ha de presidir el entramado de relaciones en cualquier empresa. Tenemos la obligación de ser respetuosos con los demás en nuestras intenciones y acciones. Debemos respeto a todas las personas con las que trabajamos. Y a lo largo del día no faltan ocasiones, implícitas o explícitas, sutiles o burdas, donde el respeto brilla por su ausencia: gestos altivos, de desdén, murmuraciones, miradas de desprecio, finas ironías, bromas de mal gusto, salidas de tono… El líder de una empresa tiene doble obligación. La primera, no olvidar que toda persona es digna de respeto y, además, siempre y en cada circunstancia. La segunda, más que cualquier otra persona en la empresa, ha de ganarse el respeto de los demás. El respeto se merece. Si prefieren, hay que merecer…lo, es decir, hay que hacer méritos delante de los demás para que aquellos que nos rodean nos lo concedan.

    La segunda cualidad es la generosidad. En las relaciones humanas, la generosidad es lo que puede restituir o equilibrar una relación. Es importante tener una disposición abierta hacia los demás, en el convencimiento de que si nos mostramos generosos, tendremos la oportunidad de ayudar a crecer, ayudar a mejorar y al tiempo, mejorarnos a nosotros mismos. El líder se mueve en parámetros de exigente generosidad. Sabe que si es generoso estará en condiciones de exigir, de valorar mejor a los demás y que, a su vez, normalmente se le sabrá valorar sus actos de generosidad. La generosidad no es asunto de bobos o débiles. Para ser generoso hay que ser exigente con uno mismo y con los demás. El auténtico líder ha de ser generoso escapando de los “tontos” y los “listillos”. Generoso es quien sabe serlo, no quien puede serlo. En ocasiones, estando en uso del poder, una generosidad “mal practicada” se convierte, por parte de quien la ejerce, en prepotencia o en situaciones de “perdonavidas”. Ni una cosa ni otra. La generosidad es un principio para la acción encaminado a fortalecer las relaciones interpersonales dentro de la empresa. El líder debe ser el primero en practicarla.

    El líder ha de ser paciente, su tercera cualidad. Y, en este caso, la terminología griega nos viene como anillo al dedo. Tiene dos sentidos. El primero: paciente es el que espera. El segundo: paciente, todos lo sabemos es -también- el que sufre. En este caso, el que aguanta. El que sabe sufrir las contrariedades propias del liderazgo. Ambas acepciones son decisivas para un líder. La espera tiene que ver con el momento oportuno para… tomar una decisión, comunicar, avanzarse a una situación, entrar con un nuevo producto… Pero el líder es, también, el que tiene la capacidad para aguantar, sufrir los momentos delicados que una dirección responsable requiere. El líder ha de saber llevar el peso de la responsabilidad. Como señala Pérez López7, el liderazgo “siempre implica un alto nivel de autosacrificio, cosa a la que no están dispuestas demasiadas personas”. El líder ha de saber sufrir. Quizás, sea demasiado contundente pero hay que decir las cosas por su nombre, ¿verdad?

    Decíamos en líneas anteriores que es obligación del líder considerar a toda persona digna de respeto. Hablemos de la cuarta cualidad del ser persona: la dignidad. Muy pocos cuestionarían que la dignidad suele ocupar grandes declaraciones, sean universales o no. Pero, precisamente, la dignidad tiene que ver con la singularidad que somos cada uno de nosotros. Vinculada de “per se” al respeto, ya que la dignidad en el “día a día”, tiene que ver con el trato que damos a las personas y si me apuran un poco más, aunque parezca cursi, con nuestra manera de amar. Si delante de cualquier persona y por fracciones de segundo, no perdiéramos de vista esta cualidad sustancial propia de cualquier ser humano -sea cual fuese su condición-, con toda seguridad, nuestra actuación en más de una ocasión respecto a esa persona enfrente nuestro, variaría sustancialmente. Como señalan muy bien, Melendo y Puelles8, “todos los hombres tienen estricto derecho a ser tratados como personas”. Es cierto: la dignidad es propia de la humanidad y su concreción es el trato que otorgamos a los demás.

    Una de las cualidades, entiendo, más preciadas hoy en día del ser persona, del ser líder es la capacidad de escuchar. El ritmo vertiginoso, en tantas ocasiones, del quehacer diario, nos impide tener tiempo para… y aquí cada uno confeccionaría una lista de cosas que no puede hacer por falta de tiempo. En mi opinión, sin duda discutible, perdemos parte de nuestra humanidad cuando no estamos en condición de escuchar a los demás. Y, además, digo “escuchar” y no “oir”. Escuchar quiere decir atentamente, interesadamente (entiéndase, con interés) con “mimo”, lo que el otro nos está diciendo (Los que sepan catalán, la expresión “parar l’orella” es muy hermosa). Cuando, realmente, mostramos atención por lo que nos dicen. Resulta paradójico: cuanto “más arriba” en la empresa y, por tanto, cuanto menos tiempo en teoría se tiene, los verdaderos líderes, se detienen en la persona y le hacen sentir cómodos, con todo el tiempo del mundo por delante… Curioso, ¿no? Es muy importante tener las prioridades muy claras. Saber escuchar en la empresa debería ser una de ellas. ¿Sólo en la empresa? Seguro que no. La capacidad que tengamos de escuchar a los demás dirá, en buen medida, de nuestra calidad humana.

    La sexta cualidad del ser persona es la humildad. La “humilitas” latina que tiene un sentido positivo y otro negativo. En el positivo, estaría la modestia veraz. En el negativo, la “falsa” modestia, la “cobardía” o un “carácter rastrero”. El líder ha de estar en las antípodas de un carácter pusilánime. No podemos olvidar que carácter tiene que ver con “dejar huela”, “impronta”. Y la mejor manera, a mi entender, es cuando se convierte en un facilitador dentro de la organización. Para eso, él mismo ha de entender y la organización ha de saber que él, como líder, está al servicio de los demás. No hay que confundirse: el líder no soluciona la vida a los demás, no toma las decisiones que los demás han de tomar. Todo lo contrario. En todo caso, el líder es cauce para que los demás puedan desarrollar(se) sus capacidades. Sí, la humildad como cualidad humana tiene que ver con el sentido del servicio. De hecho, el líder ha de estar al servicio de su empresa, antes que “servirse” de ella o de las personas en ella. En palabras de Williams y Byrne9: “El líder y el mentor se pone al servicio de su organización y de las personas que en ella se integran a su cargo, para que hallen el modo de aprovechar sus oportunidades profesionales, desarrollar sus capacidades y ser reconocidas en su justo valor”. La humildad consiste en estar y ponerse al servicio de los demás… durante un tiempo. Nadie es eterno en su puesto y se ha de planificar, con anticipación, el relevo. Digámoslo claro: todos somos prescindibles. La humildad, también, tiene que ver -como muy bien señala Álvarez de Mon10- con la aceptación de lo que uno es: “El líder se sabe un proyecto inacabado, y como tal aspira a ser de otro modo. En ese objetivo de cambio y desarrollo personal, no fuerza las cosas, trabaja con una cierta perspectiva y desprendimiento de su propia realidad, lo que exige grandes dosis de coraje, humildad y sentido del humor”. ¡Ah, el sentido del humor! Mejor aún, la alegría. Y seguramente, no encontraríamos mejor camino que la alegría para la última de las cualidades del ser persona, del buen líder: la ejemplaridad.

    El trabajo diario en la actividad empresarial es, a menudo, tan intenso que de todas las cualidades que hemos ido describiendo de las personas, con toda probabilidad, la ejemplaridad es la que tengamos menos presente. Uno puede tener, más o menos, “encima de la mesa”, la importancia de escuchar atentamente o el ser paciente con los demás. Pero, ¿tenemos claro que -lo sepamos o no, seamos conscientes o no- somos ejemplo constante para los demás? ¿Tenemos claro que nuestra manera de hacer, nuestra manera de ser alcanza a todos aquellos que nos rodean? ¿Lo tenemos presente? ¿Nos damos cuenta que incidimos, con nuestras acciones, en las personas que tratamos? Somos y damos ejemplo… siempre y a cada momento aunque sea un “mal” ejemplo. (Entiéndase la contradicción). Si en lo más profundo de nuestra humanidad tuviéramos bien sedimentada esta realidad, seguramente el enfoque de muchas de nuestras actuaciones variaría de forma muy significativa.

    Estas siete cualidades que hemos ido apuntando del “ser persona” son precisamente y nada más que eso, cualidades de cualquier persona. Expresado de otra manera: son cualidades a desarrollar y potenciar en cualquier persona. Son cualidades que todo líder ha de tener, a mi entender, en cuanto que es persona. A estas cualidades de la persona, se le han de añadir siete habilidades propias del dirigente. Unas y otras harán del directivo un líder. Recuerdo lo escrito en líneas precedentes: se puede ser líder sin ser directivo y directivo sin ser líder.

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Carlos M. Moreno PérezIr al Principio


  1. Álvarez de Mon, Santiago (1998), La empresa humanista y competitiva, Deusto, Bilbao, p. 109.
  2. Álvarez de Mon, Santiago (1998), La empresa humanista y competitiva, Deusto, Bilbao, p. 109.
  3. Pérez López, Juan Antonio (1996), Fundamentos de la Dirección de Empresas, Rialp, Madrid, p. 33.
  4. Melendo, Tomás y Millán-Puelles, Lourdes (1996), Dignidad: ¿Una palabra vacía?, Eunsa, Pamplona, p. 173.
  5. Williams, Marta y Byrne, John (1999), "Líder y mentor", Harvard DEUSTO Business Review, nº 88, p. 87.
  6. Álvarez de Mon, Santiago (1997), "Liderazgo transformador", Harvard DEUSTO Business Review, nº 77, p. 56.

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