Proyectos para el futuro Ricardo Nanjarí Román.Chile Al empezar este nuevo milenio de la era cristiana, la empresa es el lugar donde se ejerce mayoritariamente el quehacer productivo de la sociedad y en torno a la cual gira el mundo económico y social. Lejos de la cultura y de la espiritualidad, el ser humano en este medio, aún no resuelve su profundo vacío espiritual y cultural. El otro ámbito importante es el de la familia, que reúne a padres, madres e hijos menores, muchas veces en un ambiente de difícil convivencia, sobre todo cuando el entorno, exige cada vez más. En un esfuerzo desesperado, las personas tratan de compatibilizar estos mundos pero muchas veces sólo se vuelcan hacia uno de ellos, descuidando a veces el trabajo u otras la familia. El ser humano se va haciendo cada día más materialista. Más trabajo y consumo define a las sociedades del presente. La ausencia de valores se apodera de las organizaciones. La droga, el sexo sin amor, la violencia y las guerras, son consecuencias de esta confusión. La vida oscila entre la excesiva preocupación por el trabajo (trabajólicos) y la ausencia de preocupación por la familia. ¿Dónde está el justo equilibrio que permita un desarrollo integral del ser humano?. El mundo se ve invadido por prácticas que definen nuestra forma de vivir. Con países que se empobrecen y otros que se enriquecen en exceso. Con destructivas luchas de poder y grupos que enfrentan a otros. Son los polos que se atraen hasta la destrucción. Pero nuestro destino es vivir entre polos. Los contrastes de mar y cordillera, de terremotos y lluvias, de desiertos y bosques, son los polos desde donde puede surgir nuestra nueva creatividad, nuestra nueva espiritualidad y nuestra nueva forma de trabajar, para volar más lejos, según nuestras propias posibilidades aún desconocidas. Los seres del futuro sabrán que pasó con nuestros pequeños proyectos y si la tierra pudo sobrevivir a ciertas ambiciones y deseos. De nosotros depende que la sociedad del mañana sea equilibrada y sana, solidaria o egoísta, donde la familia sea el centro y fuente de valores, proyectándose hacia el trabajo como objeto de realización, coexistiendo ambas armónicamente y permitiendo un desarrollo integral de todas las personas.
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