Cómo triunfar potenciando la inteligencia emocional Por Antonio Montaño Introducción La inteligencia Emocional, se plantea como modelo de la Psicología, propuesto por Goleman, emergente en los albores del S.XXI, que si bien no pretende alcanzar el dominio de la mente, sí persigue construir el camino que nos permita modificar y dirigir nuestras emociones y conductas. El conocimiento y la correcta utilización de los sentimientos propios y ajenos, puede convertirse en instrumento que posibilite el éxito en el trabajo. Para ello, se apoya en dos supuestos básicos:
El complejo mundo empresarial, cada vez más, está insistiendo en el trabajo en equipo, el desarrollo de la autonomía, el diseño de organizaciones horizontales, la atención al cliente... como estrategias de competitividad. Entendiendo por IE, tal y como acuña Goleman, “la capacidad de reconocer los sentimientos propios y los de los otros, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”, podemos considerarla como la mejor herramienta para conseguir estos propósitos. Para ello, se deben desarrollar las cinco dimensiones básicas de la IE y las 25 competencias en que se descomponen. En las líneas que siguen se explican las claves en que se apoya la IE: por un lado, la comunicación con uno mismo y las técnicas para cambiar los estados mentales y por otro, la mejora de las relaciones interpersonales a través de la comunicación.
El conocimiento propio (Inteligencia Intrapersonal) Cada uno de nosotros, debe aprender a conocer cuales son sus reacciones ante contingencias externas, esto nos ayudará a modularlas en el sentido que más nos interesa de forma que sean un arma a nuestro favor y no en contra. Las respuestas afectivas son muy variadas, así lo primero que debemos hacer es examinar cómo reaccionamos ante todo el flujo de información que recibimos. Hemos de diferenciar diversos conceptos como, fuentes de información, valoraciones, elementos sensoriales, sentimientos y comportamientos. Valoraciones: debemos entender que toda valoración negativa provoca reacciones del mismo signo y al revés. Cuando pensamos “tengo un gran equipo”, mis reacciones serán positivas en momentos difíciles, en cambio, ante valoraciones como “esto no tiene arreglo”, nuestra reacción será negativa o de huida. Elementos sensoriales: Los sentidos captan estímulos continuamente, que en ocasiones pueden confundirnos creando fenómenos que debemos evitar, así , separar el dato sensorial de las valoraciones ayuda a ser más objetivo. Sentimientos: Es necesario reconocer las respuestas emocionales que experimentamos, tomar conciencia y hablar de ellos. Comportamientos: Nuestros actos, (posturas, gestos, no dejar hablar a los demás...) son fieles indicadores de lo que sentimos, de forma que debo valorar como se perciben por los demás y qué consecuencias pueden tener en éstos. Una vez conocidas las fuentes por las que obtenemos y damos información, es de vital importancia para el desarrollo de la inteligencia emocional, conocer e identificar los componentes de las emociones, puesto que este es el punto de partida que permite empezar a controlarlas. Así, podemos diferenciar: Pensamientos reflejos: que son las ideas espontáneas e irracionales que tenemos ante un hecho determinado “Le despediría”... Desde el modelo de actuación planteado se propone reconducir este reflejo hasta convertirlo en constructivo y estudiar la forma de solucionarlo. Cambios fisiológicos: son respuestas físicas como cambios en la presión sanguínea, el pulso... Practicar la relajación condicionada entre otros métodos puede combatir eficazmente éstas reacciones negativas. Patrones de comportamiento: en ocasiones rascarse el cuello, gritar, o cambiar las cosas de sitio compulsivamente son reacciones que podemos tener al enfadarnos o estar nerviosos ante cualquier situación. Estos comportamientos pueden tener efectos negativos y en muchas ocasiones contrapuestos a los que deseamos en otras personas. Si la persona es emocionalmente inteligente debe alinear los componentes de las emociones para dar respuestas fisiológicamente estables y comportamientos de aproximación a los demás.
La inteligencia interpersonal: las relaciones Hoy día nos resultaría imposible describir u puesto de trabajo en que no se contemplaran relaciones con otras personas, compañeros, clientes, proveedores..., más bien al contrario, cada día se consideran con más énfasis las competencias relacionadas con las habilidades sociales como parte esencial del perfil del puesto, sea éste el que fuere. Así, la inteligencia emocional ayuda a potenciar las capacidades de comunicación y de relación con los demás. La comunicación Para que la comunicación sea efectiva hemos de lograr que hablante y oyente se entienda mutuamente, no sólo en el contenido de sus mensajes sino también en la comprensión de necesidades y sentimientos del otro. Podremos mejorar nuestras habilidades comunicativas, si aplicamos cierta reglas:
La inteligencia emocional permite a los grupos hablar sinceramente, escuchar abiertamente y colaborar para resolver problemas, así como a impartir y recibir críticas y mejorar Las relaciones interpersonales Para conseguir mantener relaciones satisfactorias con los otros debemos descubrir y satisfacer sus necesidades, creando un clima de confianza y respeto mutuo. En esta relación de reciprocidad, la comunicación puede entenderse en cuatro niveles:
Información factual Opiniones e ideas: Este nivel implica mayor confianza que debe considerarse que éstas pueden ser aceptadas, pero también rechazadas o ridiculizadas. Sentimientos Lógicamente ajustamos nuestro niveles a los interlocutores con los que nos encontremos, bajando éste en caso de sentirnos incómodos, así logramos la reciprocidad. Por último, no se debe olvidar que toda relación tiene un propósito y conocerlo y asimilarlo facilita este proceso.
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