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Dar una segunda oportunidad

Ángel Largo - 23/01/2014
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Secciones:

Outplacement

,

Psicología

Hoy quiero compartir dos anécdotas que marcaron mi vida profesional  y personal, y el enfoque que tenia de los Recursos Humanos.

En la primera fue una lección que me dio el Director de Recursos Humanos de una gran compañía, que hoy en día está jubilado parcialmente, ya que sigue haciendo cosas y proyectos profesionales, y que me enseño a no prejuzgar y a ser más objetivo. Esto ocurrió hace ya casi 15 años, cuando presentaba mi  empresa de Consultoría de Recursos Humanos a este Director. Cuando explicaba la metodología de trabajo del proceso de selección de candidatos para vacantes laborales hice hincapié en la comprobación de referencias donde nos poníamos en contacto con responsables de las empresas anteriores donde había trabajado el candidato para ver cómo había sido su “comportamiento” en estas empresas. El dialogo continuo de la siguiente manera:

-          Director: ¿Y cuál es el motivo para que ustedes comprueben las referencias de esa persona?

-          Yo: Analizando su comportamiento en sus experiencias profesionales anteriores podemos predecir cómo va a ser en el puesto para que el que opta

-          Director: ¿Y no cree usted que una persona en un entorno distinto, con un responsable distinto, en una empresa distintas, con unas circunstancias distintas, puede comportarse de otra manera a la anterior en el pasado?

-          Yo: (Silencio y reflexión con un silencio que inundo toda la sala). “Puede Ser” (es la respuesta menos imbécil que se me ocurrió)

-          Director: “Entonces insisto ¿para que comprueban entonces las referencias?

-          Yo: La verdad que nunca lo había visto desde ese punto de vista. Le aseguro que reflexionare sobre esto para darle una vuelta y cambiar el modo de comprobación de referencias. Muchas gracias por la lección.

Desde ese día en mi empresa, si se comprueba alguna referencia, esta es solo objetiva, que consiste en comprobar el tiempo de permanencia en una empresa, la categoría que tenía, las tareas y funciones que desarrollaban y su retribución económica. El resto de opiniones, argumentadas o no, se desechan y no se tienen en cuenta, ni para bien ni para mal.

Pero fue al poco tiempo, y la verdad es que creo que no fue fruto de la casualidad sino de la causalidad cuando me enfrente a otra situación que de nuevo determino mi manera de actuar ante los demás. La persona que limpiaba en nuestras oficinas lo hacía después de que habíamos terminada la jornada de trabajo. Ella era una persona mayor, a punto de jubilarse, pero tenía la experiencia y el mimo de ser exhaustiva en su trabajo. Limpiaba bien todos los rincones para que a la mañana siguiente encontráramos la oficina impoluta. Esa mañana mi responsable de informática me llamo para contarme algo urgente: “Se han desconectado los servidores y hemos perdido datos. Intentare recuperarlos. La causa ha sido que al limpiar por detrás de los servidores se han desconectado. Ha sido la señora de la limpieza”. Analizamos la situación y vimos que algunos datos eran irrecuperables. Sin duda ese descuido había provocado una pérdida. Algunos me cuestionaron sobre que iba a hacer. ¿Prescindiría de esa persona de inmediato? Tenía la posibilidad de que la empresa de servicios me proporcionara una nueva persona en el momento que quisiera. Esta mujer llevaba varios años con nosotros y la verdad es que la había cogido cierto cariño. Algunos consideraron ese descuido “imperdonable”.

Espere y alargue mi jornada para charlar con ella y cuando me vio aun en la oficina se asustó un poco. Le dije que se sentara y nuestra conversación fue la siguiente:

-          Yo: Buenas tardes, quiero hablar un momentito con usted.

-          Ella: Usted dirá (se le notaba asustada)

-          Yo: Ayer mientras limpiaba detrás de la sala de ordenadores creo que desconecto uno de ellos.

-          Ella: (Interrumpiéndome). Le juro que fue sin querer. Suelo limpiar por todos los sitios y seguro que allí se había acumulado polvo y pelusas

-          Yo; Estoy convencido que fue sin querer, ya que nadie le dijo a usted que es mejor que no limpie esa zona o lo haga con cuidado porque esos ordenadores contienen datos importantes para la compañía. Lo que le quiero decir es que por favor no limpie en esa zona justo detrás o si lo hace tenga cuidado por si algo se desconecta.

-          Ella: (angustiada). Así lo hare se lo prometo. No volverá a pasar.

-          Yo: Estoy convencido de que no volverá a pasar. Quiero decirle que estoy muy contento con su trabajo y que espero que usted también lo este.

-          Ella: Si estoy muy contenta. El trabajo me viene muy bien ya que mis hijos aún viven conmigo. Aunque soy mayor ellos no tienen trabajo y este es el único salario que entra en casa.

¿Qué por qué actué así?. Nadie le había dicho a esta señora que no limpiara detrás de los servidores por lo que la reflexión mía fue ¿De quién ha sido el error?. Haciendo hincapié en que tuviera cuidado no volvió a cometer ningún descuido de ese tipo y logro jubilarse trabajando para nosotros

Estos dos acontecimientos me ayudaron a comprender el error humano, a no prejuzgar a las personas, ni clasificar a nadie por lo que ha sido anteriormente o lo que ha hecho en el pasado. Y sobre todo a dar una segunda oportunidad a las personas, aun teniendo un pasado de errores, ya que las circunstancias pueden ser cambiantes, o bien las personas pueden reaccionar positivamente ante un error cometido y reconocido.

En otra conversación deliciosa de hace poco tiempo con un directivo me dijo: “Yo a un headhunter le pido que me juzgue por lo que puedo dar a esa compañía o a ese proyecto, no por lo que he realizado anteriormente. Esa es una referencia, pero lo verdaderamente importante es lo que puedo aportar con los conocimientos adquiridos y con la proyección que pueda alcanzar en esa posición”

Y tu ¿prejuzgas o clasificas en tu vida profesional o personal?. ¿Te atreves a dar segundas oportunidades?

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