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La tendencia al abuso y su engañoso disfraz

Ana Varela - 14/12/2006
Secciones:

Management

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Riesgos laborales

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Psicología

La palabra abuso en el mundo empresarial se utiliza muchas veces con demasiada alegría, y en otras ocasiones, en aquellas en las que se produce tal abuso, se hace imposible de pronunciar, a riesgo de encontrarse con el rechazo, la descalificación y el aislamiento del grupo u organización en la que se produce.

Esta incapacidad de hacer manifiesto el abuso latente se establece mediante el disfraz con el que viene encubierto.

Las situaciones de desacuerdo o de conflicto no significan ‘per se’ situaciones de abuso, conviene que comencemos a diferenciar las raíces de los asuntos y no únicamente sus resultados. En un conflicto, el problema o desacuerdo queda explícito, constatado, permite que se pueda analizar, valorar, reflexionar e incluso tomar partido.

Esto tiene otro nombre: cambio, transformación, desacuerdos, avance, en muchos casos es el principio de la libertad, de la toma de decisiones y por lo tanto del ejercicio de la responsabilidad personal. Que todo esto nos asuste, que el conflicto tenga connotaciones negativas, proviene de aprendizajes específicos y bien dirigidos y es un tema que debe ser analizado. Pero aclaremos los términos: que tengamos un desacuerdo no significa que se estén produciendo situaciones de abuso, mejor orientémonos a las raíces de las situaciones.

Permitir que el conflicto aflore y se exprese en dimensiones no dañinas, no maltratadoras, requiere de personalidades con cierto grado de madurez, conscientes de los derechos de las personas a poseer un espíritu crítico y a ejercer su derecho a pensar y expresarse.

“El abuso busca la inseguridad como producto en el otro”

Cuando hablamos de abuso nos estamos refiriendo a algo bien diferente, no contrario, pues sería lo mismo, sino que es “otra cosa”. El abuso busca la inseguridad como producto en el otro, más bien en la otra, de forma mayoritaria; la desconexión de sus elementos estructurantes; aquello que no permite una integración personal que facilita la seguridad y la confianza en uno mismo y en su trabajo o resultados productivos.

El abuso busca desestructurar, busca el caos y el desorden tanto en un persona como en un grupo u organización. No busca ya el ejercicio de la autoridad a través de autoritarismo, que, confesado abiertamente, te permite elegir, quedarte, marcharte, o bien te ofrece comportamientos operativos y específicos que poder juzgar. No, el abuso se engalana para presentarse, se viste de regalo maravilloso. La persona que ejerce el abuso parece tan cercana, tan fácil de llevar, bromista, simpático, realmente, etc., no se encuentra nada aparentemente negativo que decir y, siendo una persona tan agradable y en el fondo con buenas intenciones uno no ve forma de hablar negativamente de él, sería mal visto, ¿que dirían los demás?, incluso uno se sentiría hasta culpable.

El abuso aparece siempre en pequeñas e inocentes frases, preguntas que se dejan caer, siempre realizadas en apariencia sin intención, en todo caso positiva, pero que van minando certeramente a la persona de quien se quiere abusar. El abusador contrata abiertamente a personas que pueden ser abusadas, o las localiza en su entorno y las sitúa a su alrededor; es su única forma de definirse, de adquirir identidad, es su propio sistema de establecimiento del poder.

Si la persona abusada habla, si consigue explicitar lo que le sucede, el resultado generalmente se establece en el rechazo del grupo, es aislada, calificada de “loca”, o expulsada, aunque tiene la posibilidad de marcharse ella misma, que en algunos casos es lo más sano, pensando en el futuro de la salud física, mental y emocional de esta persona. También se podría dar el caso que el resto de personas se unieran para rechazar al abusador, pero es raro, el miedo a ser la próxima víctima y la hipoteca que nos ahoga se convierten en anclajes y sustentos de nuestra opaca visión. En ocasiones estamos tan acostumbrados al abuso entre personas que ni siquiera podemos considerarlo “anormal”. Y esto es lo que fundamentalmente asusta, porque la cobardía es parte del ser humano y además hasta comprensible en determinadas situaciones vitales, pero el no distinguir una situación de abuso, de la relación normal entre personas y profesionales, nos debería poner los pelos de punta. ¿O es que es tan corriente que...no lo podemos distinguir?

“El abuso se produce cuando al trabajador no se le da información para que realice un buen trabajo, y se recalca su fracaso”

El abusador encontrará, contratará o localizará a su siguiente víctima, para seguir vampirizando, que no solo de sangre viven los vampiros, también de la capacidad vital de los de su alrededor.

Hablar de un trabajo mal realizado no significa abusar de un trabajador, distingamos, el abuso se produce cuando al trabajador no se le da información para que realice un buen trabajo, y se recalca su fracaso siempre frente a un público que refuerce este fracaso y, digámoslo, disfrutando enormemente con ello.

Los abusadores y abusadoras son enfermos mentales, criados por otros enfermos mentales, lo que deberíamos preguntarnos es porqué tantos acaban en puestos de dirección. ¿Será porque carecen de sentimientos? Claro, que esto tiene nombre de patología. ¿Será porque a los demás nos dan miedo?, ya que ninguno es tonto y sabemos de lo que son capaces cuando alguien les hace frente y como, probablemente, acabaremos.

Un abusador siempre te echará una mano, te hará un favor para que tú te sientas en deuda y no puedas enfrentarte cara a cara con tu “padrino”. Un abusador no comprende las relaciones entre personas sino entre jerarquías no reciprocas. Parece una buena persona, pero sólo lo es en su exterior. En el fondo tiene mucho miedo y se lo hará pasar a su víctima, le transmitirá su miedo, su errores y responsabilidades para librarse así de todo lo demás.

Pero, finalmente, como decía en un comienzo, no confundamos una dirección seria, estructurada y firme y empecemos a llamarle abuso y acoso, porque a quien le gusta el caos y el desorden es al abusador, así que no le ayudemos. El abusador es un ser simpatiquísimo, gracioso, al que nadie se atreve a llevarle la contraria. El abusador cuenta chistes, habla de política, pero no se detiene a reflexionar con un equipo de trabajo, no comunica la información ventajosa que para sí guarda. Sin embargo su “equipo” no se atreverá a unirse contra él por si cae en desgracia, porque uno siempre conserva la esperanza de que su jefe en el fondo le prefiera a él/ella, y finalmente un día se lo confiese y sea su mano derecha en una ambiente de armonía. El abusado no entiende porqué se siente cada vez peor, si realmente todo va bien. El abusador es siempre un niño con demasiado poder y lo ejerce como un niño aunque ya no lo sea.

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