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¿Cómo cuidar nuestra espalda en el trabajo?

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Las lesiones que sufrimos en la espalda son, generalmente, por factores relacionados con nuestro trabajo.

Identificar sus síntomas y prevenir su aparición suele ser el mejor tratamiento.

A continuación les damos a conocer las lesiones más frecuentes que pueden aparecen en el trabajo:

Contracturas vertebrales

En estos casos las vértebras se disponen en forma de cadena. La posición de cada eslabón o vértebra respecto de las demás depende de los ligamentos y de los músculos.

Las posturas forzadas o prolongadas provocan una reacción de los músculos que se mantienen en contracción continua. La falta de relajación provoca el dolor muscular. Es la llamada “contractura muscular”, que supone la inmensa mayoría de los dolores de espalda.

Asimismo, cualquier lesión traumática de espalda, sea fractura o esguince, provocará este tipo de reacción muscular.

Esguinces vertebrales

Son lesiones típicas de conductores de vehículos se produce en choques y en frenadas bruscas, porque estos accidentes provocan un movimiento de vaivén de la cabeza que distiende (y a veces rompe) los ligamentos que unen las vértebras.

Este caso es casi exclusivo de las vértebras cervicales debido a la especial anatomía de esta zona.

El tratamiento de los casos graves es quirúrgico, debido al riesgo de lesión medular. Los casos que son leves y moderados, que son la inmensa mayoría, se tratan con varios días de collarín cervical seguido de un periodo de rehabilitación.

Fracturas vertebrales

Son típicas de los trabajadores de la construcción y de los mineros, por caídas o bien por desprendimiento de materiales pesados sobre el trabajador. El mecanismo habitual es una flexión hacia delante del cuerpo que comprime la(s) vértebra(s) de forma que se deforman aplastándose más por delante que por detrás: es la típica fractura en “acuñamiento” que supone la inmensa mayoría de estas lesiones.

Cuanto mayor sea la deformidad en el hueso, existe mayor riesgo de que compriman la médula, por lo que los aplastamientos severos deben operarse. La cirugía más habitual supone fusionar la vértebra dañada a las vecinas, añadiendo un material metálico interno que sustenta el montaje.

Los casos más leves se tratan con un corsé durante meses seguido de rehabilitación.

Prevención

Concepto de higiene postural

La higiene postural es un conjunto de normas de actividad física que se deben cumplir para prevenir una lesión, en este caso de espalda.

Estas normas se aplican a la manera correcta e incorrecta de realizar un esfuerzo y dependen específicamente de cada trabajo, pero en el caso de la espalda se pueden dividir en dos grandes grupos: las que deben observar los trabajadores sentados continuamente (oficinistas y conductores) y las que afectan a los trabajadores de grandes esfuerzos (construcción, mineros, agricultores).

Trabajadores sentados

La posición de la silla debe permitir que la espalda quede recta y la cadera unos 90º flexionada, de forma que los muslos queden horizontales al suelo; asimismo, los antebrazos deben quedar también horizontales.

La forma del asiento debe permitir que la zona lumbar quede un poco arqueada, para mantener la curva fisiológica de la espalda.

“Es conveniente parar y dedicar algunos minutos a ejercicios de estiramiento muscular”

La mirada se debe dirigir hacia delante o un poco hacia abajo, por tanto no hay que colocar los monitores de ordenador muy bajos en la mesa o muy a los lados, para que el cuello no gire.

Cada cierto tiempo es conveniente parar, y dedicar algunos minutos a ejercicios de estiramiento muscular. Cada persona tiene su propio periodo, pero es recomendable parar cada hora o cada hora y media.

Los movimientos de estiramientos serán suaves, lentos en su ejecución y progresivos, intentando alcanzar el máximo de la movilidad, pero sin que se note dolor. Es normal que "crujan” las articulaciones intervertebrales al realizarlos.

Algunos ejercicios recomendados para el cuello son movimientos suaves de la cabeza en círculo, hacia delante y atrás y también hacia los lados, manteniendo simultáneamente los hombros elevados (el “encogimiento de hombros” relaja el músculo trapecio, fuente de gran parte de las contracturas cervicales).

Otro tipo de ejercicios se realiza de pie, por ejemplo apoyando cada mano sobre una de las esquinas de la pared y dejando que el cuerpo se incline adelante al tiempo que se flexionan los codos y que la cara tienda a tocar contra la pared. También de pie y con la espalda bien erguida, pondremos los brazos en cruz con los codos doblados e intentaremos dirigirlos lo más posible hacia atrás.

Los ejercicios recomendados para lumbares y dorsales se suelen practicar tumbados boca arriba en una superficie relativamente dura. Algunos de ellos son los siguientes:

Con una posición inicial de brazos cruzados sobre el pecho y las rodillas algo flexionadas, elevamos las nalgas todo lo posible;

En otro ejercicio partimos de una posición de rodillas estiradas y manos en la nuca con los dedos entrelazados, y elevamos progresivamente los codos sin destrabar los dedos de las manos.

Prevención para los trabajadores que realizan grandes esfuerzos

Si se trabaja en alturas se debe llevar arnés para evitar las caídas. Asimismo se debe llevar casco por el peligro de que haya un desprendimiento de rocas, ladrillos, maderas, etc.

Si se trabaja inclinado, levantando pesos es conveniente utilizar una faja lumbar fuerte y en el momento de levantar la espalda es necesario procurar mantenerla estirada y las rodillas ligeramente flexionadas para que el esfuerzo se transmita desde la espalda a los muslos

Ventajas de la natación

Es el ejercicio curativo por antonomasia. El empuje del agua disminuye el peso del cuerpo y la postura es horizontal, con lo que sufre menos la cadena vertebral. Los movimientos son armónicos, sin impactos que lesionen las articulaciones vertebrales y la continuidad del esfuerzo desarrolla la musculatura vertebral al tiempo que la relaja.

Tratamiento de la contractura establecida

Si se sigue un tratamiento en los días iniciales es conveniente utilizar una ortesis, es decir, un anillo que sujete la zona dolorida, descargándola de los esfuerzos. En el cuello será un collarín y en las lumbares una faja. También hay ortesis específicas para la zona dorsal, pero en general se toleran peor.

Los collarines en el cuello deben utilizarse el menor tiempo posible, que se suele medir en días, para evitar una excesiva atrofia de la musculatura.

Se debe aplicar calor local, bien con el chorro de la ducha, manta eléctrica, etc. Asimismo, la medicación miorrelajante (relajantes musculares) puede ser útil, así como los analgésicos.

En contracturas de carácter crónico puede ser útil un ciclo específico de fisioterapia.

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