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¡Prohibido pensar, esto es una empresa!

Rafael Casado Ortíz - 08/09/2010
Secciones:

RRHH

,

Management

Desde la famosa y desdichada frase de Miguel de Unamuno, ‘¡Que inventen ellos!’, ha pasado casi un siglo. Algunas cosas han cambiado mucho en España. Otras, no tanto. ¿Qué innovador, persona con talento o trabajadora del conocimiento no sigue escuchando todavía esa fatídica sentencia ‘¡Prohibido pensar, esto es una empresa!’, mientras recibe mensajes estratégicos de las cúpulas directivas apelando al cambio y a la innovación para ser más competitivos?

A pesar de los indudables avances, muchas empresas continúan poniendo piedras en el camino de la creatividad, de la innovación y del conocimiento, con lo que no sólo impiden que los talentos innovadores emerjan, sino que ponen barreras a su propia competitividad.

Los discursos y las prácticas

Hoy, cualquier directivo que se precie suscribe el discurso del cambio, de la innovación y de la gestión del talento. Desgraciadamente, en el día a día de la empresa, las cosas son muy diferentes. La fatídica sentencia es un recurso frecuente -no siempre explícito- de muchos mandos, sobre todo, intermedios, para seguir haciendo valer la autoridad y la condición de trabajador subordinado frente al de colaborador, que es el que caracteriza a las empresas innovadoras. Hay honrosas excepciones, pero en muchas empresas de nuestro país más que premiar a la gente que piensa, que tiene talento, que innova y emprende, que acierta o se equivoca, se la castiga y reprime.

¿Cómo es posible que se llame al cambio y a la creatividad, mientras se ponen todo tipo de impedimentos para que los talentos innovadores emerjan?

¡Qué contradicción! Porque mientras lo anterior no es más que un relato de la vida cotidiana en la mayoría de las empresas, incluso en las que presumen de innovadoras, el discurso de la creatividad, de la innovación y la gestión del talento también forma parte de la mayoría de las apuestas estratégicas de nuestras empresas. ¿Cómo es posible que se llame al cambio y a la creatividad, mientras se ponen todo tipo de impedimentos para que los talentos innovadores emerjan?

Empresa esquizofrénica

Nuestra cultura empresarial necesita un gran cambio. Este modelo de empresa esquizofrénica en el que nos encontramos, que dice ser de una forma y se comporta de otra, no nos lleva a ninguna parte y, mucho menos, nos va a colocar en la senda de la competitividad.

En la era de la información y del conocimiento, más que el capital o la tecnología, es el talento de las personas y la habilidad de las empresas para gestionarlo y convertirlo en conocimiento organizativo lo que marca la diferencia y permite asegurar la sostenibilidad de sus ventajas competitivas. ‘Hoy’, como sostienen Ridderstrale y Nordström (2000), ‘el talento es lo único que mueve al capital’.

En efecto, las nuevas formas de concebir y organizar el trabajo, basadas en la ruptura con los conceptos tayloristas y las estructuras piramidales, por un lado, y la creación de organizaciones inteligentes basadas en el conocimiento y el aprendizaje organizacional, por otro, se están convirtiendo en los elementos claves que más están contribuyendo al desarrollo del talento individual y a la gestión del conocimiento organizativo.

Mimar a los trabajadores

Pero estos nuevos planteamientos de gestión del talento, conocimiento y aprendizaje organizacional exigen ‘mimar a los trabajadores’. No sólo hay que mimar los productos; tiene la misma importancia, o más si cabe, mimar a los trabajadores creando las condiciones y los necesarios espacios de libertad para que estos puedan realizar su trabajo de manera óptima.

"El taylorismo aplicado a la productividad cada vez tiene menos sentido en las empresas del siglo XXI. Ya no se concibe que un jefe mande y los trabajadores tengan que obedecer sin más"

No tenemos que olvidar que, de todos los conocimientos, el tácito es el único que permite a las empresas desarrollar sus propias capacidades distintivas y difíciles de imitar. Pero este tipo de conocimiento está siempre vinculado a las personas y éstas lo darán si quieren y si encuentran razones y emociones suficientes para ello.

El taylorismo aplicado a la productividad cada vez tiene menos sentido en las empresas del siglo XXI. Ya no se concibe que un jefe mande y los trabajadores tengan que obedecer sin más. ‘El jefe ha muerto’, mantienen Ridderstråle y Nordström (2000); ‘ya no podemos creer en un líder que afirma saber más de todo y tener siempre la razón. La gestión a través de los números ha pasado a la historia. La gestión mediante el miedo no funcionará. Si la gestión atañe a la gente, ha de convertirse en una gestión humana’.

Flexibilidad, confianza en los empleados y la desjerarquización son las palabras clave de estas nuevas formas organizativas inteligentes, basadas en el conocimiento y el aprendizaje organizacional, que las empresas deberán adoptar si realmente quieren tener éxito a la hora de implantar y desarrollar programas de gestión de la innovación y el conocimiento para ganar competitividad.

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