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Capítulo 1: 'Introducción a creencias limitadoras' - Las 12 creencias limitadoras más frecuentes en productividad personal y cómo evitarlas

Jaime Bacás - 13/04/2009
Secciones:

Psicología

,

Productividad Personal

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Bienvenido al capítulo 1 de la serie “Las 12 creencias limitadoras más frecuentes en productividad personal y cómo evitarlas”.

En este capítulo aprenderás qué son las creencias, cómo funcionan y qué estrategias prácticas puedes utilizar para cambiar las que no te resultan útiles para conseguir los resultados que quieres.

Durante la práctica de coaching ejecutivo me he encontrado con un porcentaje significativo, 40%, de coachees - directivos, jefes y contribuidores individuales - que han traído como asunto a trabajar el incremento de su productividad personal. Ese porcentaje se corresponde con el reportado en E.M.C.E. ´08, la encuesta de mercado de coaching ejecutivo en España. En casi todos mis casos el desencadenante final era el impacto insostenible en su bienestar personal y en su ámbito familiar/social. También, en casi todos los casos habían realizado en algún momento de su carrera un programa de gestión del tiempo, lo que añadía un efecto de frustración por no haber incorporado algunos aprendizajes.

Ya sabes que el “conocimiento” de técnicas para conseguir determinados resultados no asegura su in-corporación. Si la técnica que has aprendido, y quieres in-corporar, no es compatible con alguna de las creencias que tienes es, automáticamente, rechazada.

¿Cómo es posible que no puedas hacer lo que quieres? ¿Qué fuerza tan especial tienen las creencias? ¿Cómo funcionan?

Una creencia es una idea en la que crees suficientemente como para considerarla una “verdad”. Tus creencias son tus verdades.

Tienes creencias en todos los ámbitos de tu vida – trabajo, dinero, política, amor, espiritualidad, etc.

Construyes la creencia a través de la información y tu experiencia.

Una vez aceptada, la creencia es generadora de conducta: Crees en “eso” y te comportas de acuerdo con ello.

Tus conductas, están condicionadas por tus creencias. Las creencias, por tanto, definen el rango de acciones que te permites realizar. Reducen tus posibilidades de acción a sólo aquellas que son coherentes con tu creencia. A veces, te das permiso para realizar, conscientemente, alguna acción contraria o incoherente con determinada creencia y el precio que pagas es sentir que te has traicionado, aunque tus mecanismos de autodefensa intervendrán para ayudarte a “olvidar” tu traición.

Puedes clasificar tus creencias en dos grandes grupos:

1. Las que generan poder y
2. Las que limitan tu poder (limitadoras)

Las primeras generan conductas que incrementan tu poder y, por tanto, los resultados que puedes conseguir.

Las segundas, por el contrario, generan conductas que limitan tu poder y, consecuentemente, tus resultados.

Por otra parte, parece oportuno recordar que “sea lo que fuere en lo que creas con convicción, se convierte en tu realidad” o como dice William James “las creencias crean los hechos presentes”.

La mala noticia es que las creencias tienen raíces profundas. Cuanto más tiempo conservas una creencia, más difícil es cambiarla. La creencia se ha robustecido a través de tu conducta, es decir, de tus acciones. Esas acciones repetidas tantas veces han creado conexiones fuertes en tu cerebro, difíciles de modificar. Además has generado un tratado completo de “explicaciones” o “razones” para demostrar su validez e, inconscientemente, atraes o percibes selectivamente las circunstancias que apoyan las creencias que posees. A veces llegas a decir refiriéndote a tal creencia, “yo soy así” o “soy así por naturaleza”. Quieres decir que desde que te acuerdas has creído lo mismo, luego debe ser algo que ya forma parte de tu ser y por tanto no puede ser cambiado, o no quieres cambiar porque equivaldría a renunciar o traicionar a tu persona y, evidentemente, no lo vas a permitir.

La buena noticia es que puedes cambiar tus creencias voluntariamente. El coaching, como herramienta de alto impacto que es, resulta eficaz en este propósito de facilitar el cambio de creencia, haciendo el proceso más rápido y sencillo.

Todos tenemos la experiencia de haber modificado creencias a lo largo de nuestra vida. Muchas más de las que reconocemos. A veces, te sorprende cuando recuerdas creencias pasadas, muy distintas o completamente opuestas a las que tienes en el presente.

Una creencia no puede ser erradicada si no la sustituyes por otra nueva.

En resumen. Cada vez que no tengas éxito al implantar un proceso o una técnica que hayas aprendido, en este caso para incrementar tu productividad, existen elevadas probabilidades de que la razón se deba a que estás manteniendo una creencia que es limitadora. Esta es una de las razones principales por las que no incorporamos aprendizajes que deseamos incorporar.

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