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Creer en las personas

Ángel Largo - 04/01/2012
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Vivimos desde hace un tiempo en un clima de desconfianza hacia los demás. Muchas veces pensamos que las intenciones de los que se acercan a nosotros no son buenas. Incluso a veces las personas más cercanas o que nos rodean frecuentemente también están en grado de sospecha por nuestra parte. Todo esto se ha visto aumentado por la frase que quizás más daño ha hecho en la historia de las relaciones humanas: “Piensa mal y acertaras”.

En una conversación con mi Coach salió una frase que para mí fue reveladora y que intento poner en práctica en mis relaciones sociales. Concretamente me dijo “que no hay nada más sano que saber que el otro espera algo de nosotros”. El resumen es que lo más directo y honesto es saber que la persona que se nos acerca espera algo de nosotros y nosotros algo de esta persona. Así se aclaran malentendidos y nos dejamos de suspicacias sobre sus intenciones. Quiero algo de ti y sé que tú quieres algo de mí. Bien, iniciemos una relación basada en esta premisa. Seguramente nada nos hará daño porque sabemos que esperamos algo concreto. La desconfianza viene cuando la persona que se acerca no expresa claramente que espera algo del otro y entonces vemos en cualquier acción suya una estrategia para conseguir algo que seguramente nosotros no deseamos dar u ofrecer.

En contraposición la amistad significa no esperar algo del otro sino dar sin esperar nada a cambio. En un post anterior hable de lo que últimamente se está entendiendo por amistad, sobre todo por los jóvenes. En mi caso cuando estoy con amigos comparto, sobre todo conversaciones, y doy o recibo sin esperar nada a cambio o devolverlo. Es típico en mi ambiente social de circulo de amistad la frase: “tengo que invitarle a mi boda porque él o ella me invito a la suya”. Es una devolución de algo, no significa que haya amistad. Esto por no hablar de ver que “regalo” te hizo en tu boda para así “devolverle” con la misma gratitud. Cosas de manchegos, aunque me consta que está extendido por muchos sitios.

Hace poco he leído algo que veo últimamente en muchas personas. El artículo hablaba del individualismo que tenemos actualmente en la sociedad y lo definía como “soledad acompañada”. ¿Habéis observado cuanta gente sola hay?. A veces no lo sabemos porque estas personas no dejan abrirse a los demás,  pero hay un test que suelen ser indicativo de esta “soledad acompañada”, que consiste en averiguar las personas con quien comparte su tiempo de vacaciones. He observado con el tiempo que muchas personas van con su familia (pareja e hijos si tienen) exclusivamente, e incluso no mantienen relaciones personales en su lugar de vacaciones. Hay algunos otros que van con su familia directa, hermanos, padres o similar, y que su círculo de amistad está compuesta únicamente por el núcleo familiar cercano. No quiero juzgar si esto es mejor o peor, solo me limito a describir la situación de algunas personas.

Durante nuestro día a día nos relacionamos con muchas personas, el del kiosco, el de la panadería, el del supermercado, los compañeros de trabajo, … pero no son relaciones que sean íntimas, sino más bien superficiales. Esta “soledad acompañada” la observo desde el punto de vista de estar rodeado de gente pero no penetras en el ser de los demás y nadie lo hace en ti.

Pero este artículo viene por unas frases escuchadas en un corto espacio de tiempo y que me hicieron reflexionar. Dos de ellas vienen de compañeros míos de Recursos Humanos. Uno de ellos, con más de 15 años de experiencia en Recursos Humanos, los últimos como Director o Coordinador, me dijo: “cada día que trabajo en Recursos Humanos me gustan menos las personas”. ¡¡¡¡Vaya paradoja¡¡¡. Habría que intentar descubrir cuál fue la motivación para empezar a trabajar en Recursos Humanos, porque recuerdo que la mía fue trabajar con personas. La explicación a esa frase me la argumento en que en las empresas que ha trabajado ha conocido mucha gente que ha intentado engañarle, estafarle, burlarle y sacar provecho de múltiples situaciones. Pero claro no podemos hacer de un puñado de malas experiencias generalidades ¿no creéis?

Otro compañero de Recursos Humanos me dijo que le buscara trabajo de lo que sea, y no necesariamente de Recursos Humanos. ¿Estaremos ante el desencanto de los profesionales de Recursos Humanos?. No nos alarmemos, es posible que ambos casos tengan más que ver con el desencanto que producen las malas experiencias acumuladas que con una hecatombe generalizada en el sector.

Me remato hace poco una amiga que trabaja en un Centro Comercial de cara al público y que me dijo “cuanto más trabajo con personas más las odio”. Y me concluyo diciendo que en su tiempo libre no quería saber nada de nadie porque estaba harta de tratar con gente todo el día. Vaya ¿entraré yo en ese grupo con el que no quiere tratar?.  La frustración, como en los anteriores casos, viene por las malas experiencias acumuladas.

Una persona con la que me entreviste hace poco, con motivo de un Libro que estoy escribiendo sobre personas que cambian su vida profesional y personal, me hizo el comentario más divertido sobre uno mismo que he oído en tiempo. Esta persona, en su juventud, venia de una situación económica muy alta y desahogada y se había “abandonado” al consumismo irracional y a juzgar a los demás por lo que tienen o poseen. El caso es que su situación cambió radicalmente hasta el punto que su familia dio muchos pasos atrás y tuvieron que “retrasar” su nivel de vida muchos escalones. Después de trabajar en una heladería, estudiando y trabajando a la vez, y con apenas dinero para poder comprarse cosas, le vino el éxito profesional trabajando duro. El caso es que después de muchos años, en su situación actual me indico la siguiente reflexión: “si me encontrara a mí mismo cuando era joven me daría de tortas (obviare la palabra que dijo aunque intuyo que la sabéis). Esta persona ha cambiado su modelo de relacionarse con los demás después de pasar por una experiencia “purificadora”

Quiero terminar con una anécdota que me paso en las Cuevas de Valporquero en León, cuya visita recomiendo por lo fascinante y poco “explotadas” que están. Allí un guía, que llevaba muchos años, nos explicó como las Estalactitas, que son formaciones de piedra que se forman desde el techo con motivo de la infiltración de aguas, pueden formarse durante cientos de años. Reparamos que algunas formaciones de estalactitas habían sido arrancadas, seguramente para llevárselas como “recuerdo”. Cuando el guía nos explicó que en su desesperanza había visto las estalactitas arrancadas, un comentario en el grupo surgió espontáneamente: “como es la gente”. El guía enseguida reacciono y argumento lo siguiente: “el 99,9% de la gente es maravillosa y respeta este entorno natural y las cuevas, solo unos pocos no pueden definir a todas las personas”. Y para mí eso es un axioma, y lo considero tan cierto como cualquier obviedad. Son tan pocas las personas que merecen el calificativo de “malas” o de “poca confianza” que no podemos generalizar que todo el mundo es así. Es por ello que cada vez que me dicen “es que la gente dice o hace algo”, enseguida activo mi respuesta y cuestiono a mi interlocutor:  ¿Qué gente? ¿Quién en concreto?. Identifiquemos a las personas que en un momento determinado se comportan inadecuadamente para individualizar acciones más que generalizarlas. Y eso tampoco define a una persona.  ¿Quién no ha cometido una mala acción alguna vez?. Todos nos equivocamos y no por eso se puede decir que somos “mala gente”

Creo en las personas y me gustaría recuperar la fe en los demás como forma de relacionarnos entre nosotros. El vínculo inicial no tiene por qué ser afectivo pero si puede basarse en un “Confío en ti” aunque nos podamos llevar alguna desilusión o desengaño. Seguramente serán menos que las alegrías que nos pueden producir el confiar en los demás.

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