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En una
empresa familiar de tercera generación, un chico
joven pidió trabajo para un puesto de operario en la
cadena de producción. Su padre y su abuelo también
habían trabajado en la empresa, y la dirección
estaba orgullosa de poder contratar a un empleado de
tercera generación.
Durante
los primeros cuatro meses, el chico - que parecía
listo - tuvo tres accidentes laborales y nadie
entendía por qué.
Un
consultor al que se había contratado para que
evaluara a toda la plantilla, se dio cuenta de que
las aptitudes del chico no eran las más adecuadas
para ser un buen operario. Un operario tiene que tener
paciencia y ser tolerante con el trabajo repetitivo.
El chico joven era impaciente, asertivo y analítico.
Tenía muchas capacidades que no podían potenciarse
en aquel tipo de trabajo y, a su vez, el trabajo
requería una tolerancia que el no tenía.
Para
recompensar a la familia del chico por su lealtad a la
empresa durante tres generaciones, el propietario les
ofreció ayudarles económicamente para financiar los
estudios del chico en la Universidad. El chico en
cuestión logró licenciarse e incluso obtuvo un
Doctorado. Después de 15 años, todavía sigue siendo
un directivo muy valorado de la empresa.
Muchas
empresas hubieran despedido a un trabajador joven e
impaciente que hubiera averiado la maquinaria tres
veces en cuatro meses. Pero en esa compañía, el
Director General era muy consciente de algo que es
crítico en cualquier empresa : los más importante
que tiene que hacer un directivo es motivar a las
personas que trabajan para él. Los empleados
comprometidos que se sienten realizados y que están
satisfechos con su trabajo, sencillamente trabajan
mejor y son más productivos.
La
mayoría de directivos asumen que lo que les motiva a
ellos es lo que motiva a los demás. Este es uno de
los mayores errores que se cometen al contratar a
alguien.
La
cuestión clave es saber reconocer que todas las
organizaciones deben tener muchos tipos de
personalidades diferentes : los que toman decisiones,
los que se arriesgan , los líderes, los seguidores,
los que analizan y piensan, los que venden, los que
saben comunicar, los que mueven, los que proporcionan
estabilidad, los que innovan, los que aportan
especialización técnica ... Y comunicarse
eficazmente con cada uno de estos grupos de personas
requiere concienciación a fondo por parte de los
managers. La comunicación eficaz - llegar a la gente
sabiendo sintonizar el canal que más claramente van a
oir - es el trampolín hacia la motivación.
La
comunicación eficaz crea un clima en el que cualquier
tipo de personalidad se potencia y se desarrolla por
igual porque cada persona recibe el feedback más
adecuado y porque se respetan las diferentes
necesidades motivadoras.
Si todo
esto les suena un poco “artificioso”, consideren
lo siguiente : hace 20 años, los departamentos de
recursos humanos funcionaban básicamente con el
instinto y la intuición. Si dos candidatos
aparentemente estaban igualmente cualificados, se
contrataba al que daba un apretón de manos más
fuerte o al que tenía mejor sentido del humor.
Hoy las
cosas han cambiado. Para los que están empleando, la
apuesta es mucho mayor. La ley es bastante estricta
protegiendo a los trabajadores, el desempleo sigue
bajando, y los costes de formación en cualquier
empresa son más elevados que nunca. Los managers ya
no pueden contratar “alegremente”. Tienen que
apoyarse en todas las herramientas de las que
dispongan para contratar a las personas más adecuadas
para cada trabajo y , una vez en la empresa, saber
cómo comunicarse eficazmente con ellas , motivarlas y
dirigirlas canalizando sus energías y potencialidades
hacia los objetivos y la autorealización.
Los
conflictos y dificultades de comunicación entre el
departamento de ventas y el de producción o
administración por ejemplo, son legendarios. Y ello
es debido a que las personas que trabajan en dichos
departamentos tienen motivaciones, necesidades y
estilos de comunicación muy diferentes.
Los
vendedores estrella suelen ser personas que corren
riesgos, exigentes, persuasivos, competitivos, seguros
de sí mismos y orientados a objetivos y resultados.
Las personas que trabajan en los departamentos de
administración y finanzas, tienen la paciencia y la
capacidad para hacer un trabajo de detalle con
rigurosidad y precisión. Y la persona con vocación
de servicio, que le gusta llevar a cabo con esmero
instrucciones claramente definidas, será un valioso
miembro del departamento de atención al cliente.
Ninguno de ellos podría desempeñar eficazmente el
trabajo de los demás, y a ninguno de ellos le
gustaría. Pero juntos, pueden hacer un equipo
excelente.
El
Directivo que sabe apreciar el valor de las
diferencias, que sabe reconocer cada estilo de
comunicación y cada necesidad motivadora es el que
sabrá obtener mayores resultados a través del “capital
humano”, el único capaz de aportar ventajas
competitivas a la empresa.
Dinah Daniels, Praendex Inc.
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